Una aventura motorizada

Último día de año, tomamos las maletas, las acomodamos en nuestra casa y partimos al Sur. Es un largo día de viaje con rumbo a Pucón donde nos espera un show pirotécnico a las orillas del lago. Desde el frontis de nuestra casa se tiene una vista asombrosa del paisaje, mientras en la parte de atrás los pasajeros leen, trabajan sobre la mesa o duermen cómodamente. A veces se pasean por el pasillo, abren el refrigerador, sacan una bebida helada y se sientan con nosotros para observar y compartir.

Llegamos temprano a nuestro destino, recorremos la ciudad y nos preparamos para recibir el año nuevo. Abrimos la despensa, preparamos un improvisado coctel estacionados a menos de una cuadra de la Plaza de Armas de Pucón. Ya viene la cena de año nuevo donde inauguramos nuestra nueva mesa familiar, y tan sólo unos metros, contemplamos el espectáculo pirotécnico. Saludos, abrazos, champaña, estallidos y luces. Comienza un nuevo año y una verdadera aventura en Motorhome.

Nos espera el lago Caburgua y el Parque Nacional Huerquehue, ubicados en la novena región de la Araucanía, y comenzamos a descubrir las bellezas de nuestro Chile. Al día siguiente vamos con la cueca de los lagos: Al lago Calafquen con almuercito en la bella ciudad de Lican Ray, al Panguipulli, al Riñihue hasta llegar al lago Ranco. La ciudad de Futrono nos acoge con sus olores y sabores, la exquisita mermelada del desayuno, la mantequilla, un alto en el camino. Y que decir del enorme gigante que quedó atrás, el Villarica, ¡allá vaya va cosa más rica!

Nos aproximamos a nuestro destino final; el Parque Nacional Puyehue donde estacionamos en la zona termal de Aguas Calientes y disfrutamos de los beneficios de sus aguas un día de lluvia. Adentro de las piscinas la temperatura alcanzaba unos 40 grados y afuera el agua fluvial caía sobre nosotros como una bendición. En nuestro sitio de camping, todas las mañanas despertábamos sintiendo la suave música del cause del río Chanlelfu y nos acostábamos después de una noche de fogata y un torneo de cartas.

El Motorhome nos llevó por los senderos de Antillanca y Anticura, la olla y la piedra del sol. Descubrimos bosques, montañas nevadas, cráteres, cascadas y flores de loto. Recorrimos también los alrededores del lago Rupanco, siempre en nuestra casa rodante. Nos sentíamos como almas nómades conquistando el mundo, gitanos o viajeros eternos descubriendo cada rincón del país.

Comenzamos así el 2009 con los ojos llenos de verde y azul, cumpliendo una fantasía loca de antaño. Habían pasado ya 10 días desde la partida y se acercaba nuestra hora de volver, pero antes hicimos la infaltable pasada por Valdivia. Una corvina fresca en el mercado, nos proveímos de unos buenos abrigos de lana y recorrimos el fuerte de Niebla y su completo museo. Ese día por la noche dormimos en Temuco, el viaje ya estaba llegando a su fin. A la mañana siguiente la habitual pasada por el mercado de Temuco y las compras para la casa: charqui, mermelada, queso, un poco del alma de nuestro amado sur. Fue una experiencia motorizada, una experiencia inolvidable.

Familia Correa - Monreal